
El Gobierno ha confirmado de forma oficial el aplazamiento de la entrada en vigor de Verifactu, retrasando su aplicación obligatoria hasta el año 2027. Este cambio se recoge en el Real Decreto-ley 15/2025, publicado a comienzos de diciembre, y supone una modificación sustancial respecto al calendario previsto inicialmente, que situaba la obligatoriedad en 2026.
Este ajuste, aunque da un margen temporal adicional, mantiene intacta la obligación: la norma deberá cumplirse y afectará a todas las empresas y profesionales que emitan facturas.
Nuevos plazos fijados por la normativa
Con la prórroga aprobada, se establecen dos fechas diferenciadas en función del tipo de contribuyente:
Estos plazos reflejan la voluntad de proporcionar un periodo adicional de adaptación sin alterar los objetivos de la regulación. La administración deja claro que el retraso es temporal y que se mantiene intacta la exigencia de que todos los sistemas de facturación cumplan con los requisitos marcados en el reglamento.
Motivos del aplazamiento
El propio texto legal explica que el aplazamiento responde a la necesidad de garantizar una transición más realista para todo el tejido económico. Entre los factores que justifican la decisión destacan:
El aplazamiento no cambia el alcance de la obligación, pero sí busca garantizar que cuando entre en vigor, el ecosistema tecnológico y empresarial esté realmente preparado para asumirla sin sobrecargas ni colapsos.
Por qué no es buena idea esperar al final del plazo
Aunque el retraso pueda dar una sensación de tranquilidad, la realidad es que esperar hasta última hora puede generar problemas serios, tanto económicos como operativos. Hay razones de peso para no dejar esta adaptación para 2027:
1. Más tiempo para probar y ajustar los sistemas
La adaptación a Verifactu no consiste únicamente en instalar un software. Implica:
2. Formación interna
Los equipos que trabajan con facturación necesitan tiempo para familiarizarse con:
Contar con meses de margen facilita una incorporación progresiva y segura.
3. Alineación estratégica con otros procesos de digitalización
Muchas empresas aprovechan este tipo de cambios normativos para revisar:
Si se gestiona con anticipación, la adaptación a Verifactu puede integrarse en un plan de mejora global. Si se hace tarde, se convierte en una obligación aislada y costosa.
4. Evitar riesgos operativos y sanciones
Una adaptación incorrecta, o simplemente un retraso, puede tener consecuencias:
El aplazamiento no elimina estos riesgos, solo pospone el momento en el que se harán exigibles.
5. Se evitará la saturación del mercado
A medida que se acerque 2027, miles de empresas y autónomos necesitarán:
El aplazamiento de Verifactu hasta 2027 aporta más tiempo, pero también marca un punto claro: la adaptación es inevitable y conviene afrontarla cuanto antes.
Tanto empresas como autónomos disponen ahora de una oportunidad única para implementar los cambios de manera escalonada, sin prisas, sin saturaciones y sin comprometer la operativa diaria.
Aprovechar este margen para planificar con calma y preparar los procesos internos permitirá llegar a 2027 con garantía, seguridad y sin sobresaltos de última hora.